MOTILIDAD VS MOVILIDAD

Gran parte del trabajo que se realiza en el método Poyet-Pialoux se hace sobre la motilidad del cuerpo. Es decir, sobre el Movimiento Respiratorio Primario (MRP), que es un micromovimiento que, partiendo desde el centro del cráneo, se transmite y está presente en cada tejido corporal. Y, como consecuencia de normalizar la motilidad (micro), se restablece la movilidad (macro).

¿Sabías que nuestro cuerpo está en constante movimiento interno, aunque no lo notemos? Pues sí, así es. Aunque no estemos moviendo una mano, una pierna, caminando o corriendo, el cuerpo está en un movimiento constante. El corazón late sin cesar, los pulmones se llenan y vacían de aire continuamente, los líquidos circulan (sangre, linfa, líquido cefalorraquídeo). Y los huesos, los órganos, las vísceras y los tejidos blandos (músculos, fascias, tendones), también están en continuo movimiento, incluso aunque estemos parados. Este movimiento intrínseco de los tejidos se llama motilidad y es fundamental para nuestro bienestar.

Pero, ¿dónde dejamos entonces a la movilidad o movimiento propiamente dicho? ¿Es que no es importante para nosotros? ¡¡Por supuesto que lo es!! Tanto, que mejorar el movimiento macroscópico (el que observamos cuando movemos un segmento corporal sobre otro) es uno de los objetivos que perseguimos con el tratamiento al aplicar el Método Poyet-Pialoux. Pero esa mejoría la conseguimos de forma indirecta, es decir, no actuamos directamente sobre la movilidad sino sobre la motilidad. 

Actuar en lo micro para restaurar el macro

La MOTILIDAD es, por tanto, el movimiento intrínseco de los tejidos corporales que resulta de la expresión en cada uno de ellos del Movimiento Respiratorio Primario (MRP). El MRP es un micromovimiento que, partiendo desde el centro del cráneo (en concreto, de la sincondrosis esfenobasilar), se transmite y está presente en cada tejido corporal. Este movimiento se expresa en dos fases: una de expansión (flexión o rotación externa) y una de contracción (extensión o rotación interna).

Aunque a los científicos les está costando objetivar la existencia de este micromovimiento, a nivel clínico se utiliza desde la primera mitad del siglo XX. Fue descubierto por el padre de la osteopatía craneal: William Garner Sutherland.

Este movimiento se inicia alrededor del quinto mes de gestación y se mantiene hasta minutos e incluso horas después de la muerte. Puede percibirse tanto en el cráneo como en cualquier otra parte del cuerpo. Cuando lo estudiamos para hacer su diagnóstico y tratarlo en caso de ser necesario, hemos de tener en cuenta su frecuencia, amplitud, simetría y potencia:

  • La frecuencia natural en un estado fisiológico es de 7 a 14 ciclos por minuto, pudiendo aumentar o reducirse en los diferentes cuadros patológicos.
  • La amplitud se refiere a la extensión de cada fase de este movimiento.
  • También se mide la simetría de cada fase. Es decir, si la cantidad de expansión y contracción es la misma o difieren entre ellas. 
  • Y, por último, también hemos de tener presente la potencia del MRP, que es la fuerza con la que se expresa, pudiendo ser esta alta o baja.

 

El MRP y, por tanto, la MOTILIDAD es el sustrato orgánico sobre el que actuamos los especialistas en el Método Poyet-Pialoux. Y, como consecuencia de su armonización, devolvemos a los tejidos capacidad para expresarse y/o, lo que es igual, le devolvemos salud.